En
Pontevedra, saliendo del albergue, tomamos la calle Virgen del Camino hasta su
Santuario en la plaza de la Peregrina. A continuación, rúa Soportales, rúa Real
hasta el puente del Burgo, en la salida norte de la ciudad.
Pasado
el puente, a doscientos metros y a la izquierda, rúa da Santiña. Paralelos al
tren hasta Pontecabras, dejando de lado el río Cabras y la fábrica "Cros'.
Crusamos la vía del tren por debajo. En suave
subida alcanzamos la iglesia de Santa María de Alba, con una imagen del Apóstol
en el cementerio contiguo. Estamos cerca del lugar de Goxilde, donde el
arzobispo Xelmírez descansó con sus huestes, camino de vuelta a Compostela,
después de efectuar el famoso 'pío latrocinio' de las reliquias que se
conservaban en Braga.
Unos
quinientos metros más adelante llegamos al lugar y capilla de San Caetano. Por
las aldeas de Liborei y Castrado nos adentramos en el bosque y encontramos una
vieja y hermosa 'pontela'.
Un
sitio conocido como 'Pozo Negro' sobre el regato de ese nombre, e iniciamos una
suave subida hasta la línea férrea; la cruzamos y llegamos al Lombo da Maceira
y, a continuación, la aldea de San Mauro, donde antiguamente se efectuaba el
cambio de cabalgaduras.
Por
una carretera solitaria, pasamos San Mamed de Portela, con un antiguo crucero
que indica el camino correcto. Más adelante nos encontramos con uno de los
lugares notables del camino portugués: puente Valbón y el crucero de Amonisa,
desde cuyo fuste el apóstol Santiago nos indica la dirección norte mirando
hacia Compostela.
Desde
el kilómetro 60 podemos observar la iglesia románica de San Martiño de Agudelo.
El camino avanza en zig-zag por las invasiones sufridas por pequeños
propietarios.
A la
altura de Monllo reencontramos la N-550. ¡Ánimo! La capilla de Santa Lucía nos
saca de la carretera y nos lleva entre prados y viñedos hasta Tivo, donde
encontramos una buena fuente y un estupendo crucero a la salida de la aldea.
Muy
cerca de Caldas de Reis nos recibe Santa Mariña de Caldass con su pórtico
románico y después de cruzar por el puente romano sobre el Umia nos metemos por
la izquierda en el casco viejo de la población. Nuestros pies agradecerán la
fuente termal en la que unos leones vomitan sin cesar agua caliente y
reparadora.


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