5º Etapa. Padrón a
Santiago de Compostela. 25,20 km. 19 albergues.
Salimos
de padrón por la rúa Bordel y muy pronto encontramos la antigua colegiata de
Iria Flavia.
Merece
la pena detenerse: de aquí salió el obispo Teodomiro en busca de "unas
luces que brillaban en el monte Libredón" en lo que más tarde sería
Compostela.
Ahí
está el hermoso cementerio de Adina, cantado por Rosalía de Castro, y los
antiquísimos sepulcros que rodean el templo. A su vera, el busto del escritor
Cela, en una pequeña alameda.
Delante
están las casas de los canónigos, actualmente Fundación y Museo de Camilo José
Cela. El sepulcro de éste está en el mismo cementerio, bajo un olivo, junto al
camino.
Continuamos
por Iria entre sus viejas casas, la antigua estación del tren y la casa de los
Cela-Trulock. No tenemos alternativa y tenemos que caminar por la N-550. no hay
que desesperarse: en el km. 88 nos desviamos a Romarís en pleno Camino
medieval.
Recorreremos
las aldeas que mantienen el sabro de una ruta sagrada en Galicia. El camino
entre Padrón y Compostela siempre fue "Camino de peregerinación " ruta
de ida y vuelta.
El
Camino Portugués y la ruta Rosaliana, constituyen definitivamente un itinerario
sentido profundamente por todos aquellos que lo recorren, y también por quienes
lo habitan.
Atravesamos
aldeas con extraordinario valor etnográfico, Romarís, Rúa, Rueiro, Cambelas,
Anteportas, Tarrío, Vilar... para entrar en otro espacio sagrado, Esclavitude,
con su fuente milagrosa y ese espléndido ejemplar del barroco que es el
Santuario de Esclavitude (ss. XVII-XVIII).
Muy
cerca, lo que fue una antigua posada sobrevive como taberna que aspira a ser
tienda.
Un
centenar de metros adelante encontramos, entre muros, otra bella iglesia, Santa
María de Cruces. Más pinos, más camino de tierra y otra bellísima aldea,
Angueira de Suso, a la que llegamos después de descender atravesando la línea
férrea.
Caminando entre parras entramos en Areal.
A su
salida, primero por asfalto y después por un buen camino de tierra desembocamos
en la N-550, que recorremos durante unos pocos metros, porque enseguida nos
desviamos por la izquierda en dirección al municipio de Teo, a la vista del
Pazo de O Faramello (donde los italianos Piombino y Gambino montaron una
fábrica de papel en 1710).
Alcanzamos
la rúa de Francos por una leve subida, mientras tenemos a un lado una calzada
romana oculta en el bosque a nuestra izquierda y, enseguida, el albergue de Teo.
En la
rúa de Francos encontramos uno de los cruceros más hermosos de Galicia y, por
si fuera poco, uno de los lugares emblemáticos de la leyenda jacobea: el Castro
Lupario, ahora en fase de recuperación. Ahí la malvada reina Lupa habría
atendido a los atribulados discípulos del Apóstol.
Sin embargo, nosotros vamos hacia el puente de
Pedreira, pasando ante una antigua imagen policromada de San Antonio, en
Areeira, en el muro de lo que fue una antigua posada de caminantes y arrieros.
Un
aserradero nos sale al paso en la dirección de A Grela, donde el Camino hace
zig-zag por el caos producido por la construcción de unos chalets. Se acabaron
las pequeñas aldeas y la proximidad de Santiago se hace notar en la abundancia
de moderna viviendas unifamiliares; pero importa poco ya: estamos cerca de la
meta.
Rebasamos
el Milladoiro por los accesos a un moderno polígono industrial y de nuevo
recuperamos el antiguo trazado, entre pinos, hasta Agro dos Monteiros.
Dejamos de lado una solitaria subestación
eléctrica y de repente, en lo alto, aparece la ciudad del Apóstol con todo su
esplendor. Estamos a 250 metros de altura, en Agro dos Monteiros, auténtico
Monte do Gozo del Camino Portugués.
Nos espera ahí un alegre descenso por más que
sea caótico; todas las entradas a Compostela son así.
Seguimos
por Santomil y Amanecida, pasamos junto al Hospital Clínico, continuamos por la
Choupana y entramos en Santiago de Compostela. La calle Rosalía de Castro nos
lleva unto a la Alameda hasta la Porta Faxeira, recuerdo de una de las antiguas
puertas de laciudad. Y la rúa dos Francos nos conduce a la catedral.




