Desde
la Catedral bajamos, sucesivamente, por los conventos de las Clarisas de
clausura y, en dirección norte bajo un pasadizo inferior, los de Santo Domingo
y San Bartolomé; este último el más antiguo de Tui.
Por
el valle del río Miño nos dirigimos al puente medieval conocido como Ponte da
Veiga; un poco antes y sin cruzarlo torcemos a la izquierda y llegamos, entre
bosques, a la vía del tren y a la carretera N-550 y, posteriormente, a la
capilla de la Virgen del Camino.
Seguimos
las flechas amarillas que nos conducen al cruce de los Siete Caminos y al
histórico puente de San Telmo. Merece la pena que nos detengamos en este punto;
una sencilla placa recuerda: "Caminante: aquí enfermó de muerte San Telmo,
en abril de 1246.
Pídele que hable a Dios en favor tuyo".
Es patrón de Tui y de Frómista (Palencia) y murió aquí cuando se dirigía a
Compostea.
Caminando
entre bosques vamos hacia la Madalena, iglesia de Santa Columba de Ribadelouro;
llegamos a otro puente medieval, el de Orbenlle sobre el río Louro.
Pasado
el puente y con ligera subida para superar el antiguo "paso de
invierno" acometemos el polígono industrial de las Gándaras de Budiño.
Vamos
avanzando, con paciencia, durante tres kilómetros en recta, sin alternativa ni
sombra y, después de la capilla de Nuestra Señora da Guía, entramos en Porriño.
Seguimos
camino por la rúa de San Sebastián, vemos la capilla de la Madalena y pasamos,
también ante la de las Angustias; conviene estar atentos a las flechas pues la salida
es un tanto caótica.
Lo
hacemos por la carretera a Redondela, que dejamos pronto por la izquierda, en
dirección a Amieiro Longo.
Seguimos
el valle hasta el palacio de Mos y la iglesia de Santa Eulalia de Mos, uno de
los conjuntos emblemáticos del camino portugués. Fuerte subida por la rúa dos
Cabaleiros, donde un crucero policromado y siempre florido nos desea "Buen
Camino".
Envueltos
en la serenidad del rural gallego llegamos a la capilla de Santiaguiño de Antas
donde, a unos trescientos metros y en pleno camino, encontramos una piedra
miliaria romana, el Miliario de Vilar de Infesta.
Continuamos
hasta el bar Choles; un pinar envuelve la meseta de Chan das Pipas, que
atravesamos para, en fuerte descenso, alcanzar el firme de la N-550 y entrar en
Redondela. Caminamos por las rúas Pai Crespo y Queimaliños y llegamos al
albergue de peregrinos, nuestra meta por hoy.



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